Manifiesto Terrícola
2024-01-15 · Obra en progreso
La Tierra no necesita más ciudadanos de naciones. Necesita habitantes conscientes de un planeta. Este es el punto de partida de una reflexión que llevo años construyendo — no como manifiesto político, sino como una invitación a repensar nuestra relación fundamental con el lugar que habitamos.
La identidad planetaria
Nacemos con una nacionalidad asignada, una bandera, un himno. Pero nadie nos pregunta si queremos ser guatemaltecos, mexicanos o alemanes. La identidad nacional es un accidente geográfico, no una elección consciente. La identidad planetaria, en cambio, es una decisión.
Ser terrícola significa reconocer que antes de cualquier frontera, antes de cualquier idioma, antes de cualquier tradición cultural, compartimos un hecho fundamental: habitamos el mismo planeta. Y ese planeta tiene límites, tiene ciclos, tiene necesidades que no entienden de pasaportes.
Ética post-teológica
No necesitamos mandamientos divinos para saber que contaminar un lago es incorrecto. No necesitamos la promesa de un paraíso para justificar la compasión. La ética terrícola nace de la observación directa: estamos conectados con todo lo que vive, y nuestras acciones tienen consecuencias que trascienden nuestra existencia individual.
Desde el Lago de Atitlán veo esto con claridad. El agua que bebo es la misma que riega los cultivos de café en las laderas del volcán. Los desechos que alguien arroja en Panajachel llegan a las orillas de Santiago. No hay acción local que no sea, en algún nivel, planetaria.
Responsabilidad como consecuencia de la conciencia
La responsabilidad no es un deber impuesto desde afuera. Es la consecuencia natural de abrir los ojos. Cuando entiendes cómo funciona un ecosistema — ya sea un lago, un bosque o una economía local — la indiferencia se vuelve imposible.
Este manifiesto es una obra en progreso. Como el lago, cambia con las estaciones, con la luz, con las tormentas. Pero su centro permanece: somos terrícolas primero, todo lo demás después.
Lo que viene
Este texto seguirá creciendo. Cada capítulo es una exploración de lo que significa habitar conscientemente: desde la alimentación hasta la tecnología, desde la educación hasta la muerte. No pretende tener respuestas definitivas — pretende hacer las preguntas correctas.