David Rodas
Prójimos
Filosofía

Prójimos

2024-04-01 · Obra en progreso

El ID terrícola está basado en la comprensión de la especie humana como parte de un ecosistema que a su vez es parte de un sistema mayor. Es decir, la nueva identidad terrícola es una repleta de humildad en la que aceptamos que somos especiales y que somos muy valiosos, pero que no podríamos serlo sin los demás elementos de nuestro ecosistema. Por tanto, la nueva identidad es una identidad colectiva en la que todo el planeta forma parte de nosotros.

La nueva máxima moral es la supervivencia del ecosistema planetario como forma de aceptar lo valiosísimo de la vida, y por ende la necesidad de los desarrollos estarán enfocados en preservar la vida, no en devastarla para nuestro beneficio, sino en desarrollar tecnologías y sociedades que garanticen la supervivencia de los "Terrícolas".

¿Quién es mi prójimo?

Un experto en la Ley se presentó ante Jesús con la intención de ponerlo a prueba y, poniéndose de pie, le hizo esta pregunta: "Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" Jesús le respondió: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo la interpretas tú?" El hombre contestó: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo". Jesús le dijo: "Bien contestado. Haz eso y vivirás". Sin embargo, el hombre, queriendo justificarse, insistió y le preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?"

Entonces Jesús respondió con una historia: "Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y, en el camino, fue asaltado por unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote pasaba por el mismo camino; pero, al verlo, se desvió y siguió de largo. Poco después, llegó al mismo lugar un levita. También él lo vio, pero se desvió y siguió su camino. Entonces, un samaritano que iba de viaje llegó hasta donde estaba el hombre y, al verlo, sintió compasión. Se acercó, curó sus heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó."

Jesús concluyó su relato y preguntó al experto en la Ley: "¿Cuál de estos tres te parece que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?" El experto en la Ley respondió: "El que se compadeció de él". Entonces Jesús le dijo: "Anda y haz tú lo mismo".

La sociedad antropocéntrica incentiva la desigualdad y los "clanes". Cuando este judío le pregunta a Jesús "¿Quién es mi prójimo?", deja en claro que para él todos son iguales pero algunos son más iguales que otros. El hecho de que nosotros los seres humanos seamos el centro del universo nos incentiva creer que entre nosotros mismos debe haber una distinción similar a la que hacemos con los animales. ¿Qué justifica que comamos vacas, pollos, cerdos? La justificación histórica es que nosotros somos "la cúspide de la pirámide alimentaria" gracias a nuestra "inteligencia superior". ¿Qué impide que este mismo principio aplique a otros seres humanos? Es decir, que nuestra sociedad está fundamentada en la desigualdad inherente por una especie de destino manifiesto para la especie humana.

La Biblia empieza diciendo y afirmando que todas las cosas fueron creadas por Dios para inmediatamente después asegurar que ese mismo Dios creó todas las cosas para servicio del hombre, lo cual es cuando menos egocéntrico de nuestra parte. Cabe pensar entonces por qué un ser supremo y omnipotente se dedicaría a crear vida tan compleja y perfecta, tan única y extraña, solo para que un animal tan bruto como nosotros se "señoree" sobre tal creación. El ego humano llega tan lejos como para afirmar que somos nosotros los humanos los únicos seres que Dios creó a su imagen y semejanza. Nuestro ego es tan grande que, ya que no podemos afirmar que somos Dios, afirmamos que somos lo más semejante a él.

Brutos

Los homo sapiens, como cualquier otra especie animal, ha evolucionado siguiendo las normas de la biología. En nuestro caso, si se ha de afirmar que poseemos algo especial, no será nuestra semejanza con Dios sino que más bien será que evolucionamos más rápido de lo que los ecosistemas se podían adaptar. Es cierto que nuestra inteligencia fue desarrollada tan rápido que a las especies animales que compartían vecindario no les alcanzó el tiempo para aprender que nosotros somos peligrosos. En consecuencia, los grandes mamíferos que dominaban los territorios fueron extintos.

Es decir: "los humanos somos tan inteligentes como para cazar animales varias veces más grandes que nosotros pero tan brutos para ver que los estamos extinguiendo". Esta dualidad inteligente-estúpido se mantiene hasta nuestros días porque los seres humanos somos una especie de contradicciones. Somos una especie que es capaz de juntar las enseñanzas de las sagradas escrituras con las normas caballerescas de la venganza. Podemos afirmar que "todos los hombres somos igualmente provistos de derechos inalienables por el creador" a la vez que esclavizamos a otros hombres.

Creo, sin embargo, que esta dualidad es necesaria para sustentar nuestro sistema de confianza y fe. ¿Cómo si no creeríamos en que al recibir una cantidad de números en un smartphone, por el simple hecho de estar en una app bancaria, ahora tenemos el poder de comprar el trabajo de otros? ¿O cómo nos creeríamos capaces de colonizar otros planetas?

Responsables

Es muy posible que en los domos de colonización planetaria sucedan catástrofes imprevisibles tales como enfermedades desconocidas. En ese caso, ¿los módulos deberían tener un sistema de cerrado de puertas en las que los humanos o la IA de otros módulos puedan cerrarlas sin posibilidad de abrirlas desde dentro? Hemos planteado que la máxima moral y social debería ser la preservación de la vida y de la especie terrícola. Los humanos que tengan este sistema social y moral internalizado no necesitarían de este sistema, pues los "infectados" decidirían no abrir el módulo para no destruir la vida — no como un "sacrificio heroico" sino como una conclusión lógica de su sistema ético y moral basado en la conservación terrícola.

Nosotros como especie necesitamos saber que hemos cometido errores graves. Necesitamos saber que lo que hemos hecho no está bien. Debemos saber que somos ecocidas y normalizar eso es un síntoma de que nuestro sistema social es corrupto. El hecho es que hacernos conscientes de que somos parte de un ecosistema que estamos destruyendo nos daría la sabiduría de la madre naturaleza para aplicar los principios naturales de sustentabilidad tal y como hacen los ecosistemas naturales.

El hecho no es que un agricultor esté haciendo un mal; el mal empieza cuando la agricultura devasta el ecosistema. No es que comer animales esté mal; el mal empieza cuando el león come tantos animales que devasta el ecosistema. Debemos como especie internalizar que somos parte y no el fin.

Prójimos

Todos los habitantes de este planeta somos "el prójimo". Como parte de este ecosistema planetario, los seres humanos aprenderíamos que nuestro sistema de castas pierde el sentido en el momento que aceptamos que todos los seres humanos somos hermanos. El planeta entero es nuestro "barrio de la infancia". Debemos tratarnos todos como iguales, con "misericordia". Al margen de los debates religiosos, Jesús nos mostró la importancia de amarnos los unos a los otros, nos mostró que el prójimo somos todos. Esta debería ser nuestra percepción del "Él".

Abandonar la idea de superioridad nos daría un baño de humildad donde los más "capaces" no tienen por qué someter a los menos capaces, sino que deberían tener un sentido protector en el que esta capacidad — a veces natural — esté al servicio del bien mayor. Al poner la vida como eje de desarrollo, en sintonía con lo que parecemos ver en el cosmos donde se percibe un ajuste tan fino como para preservar la vida, nosotros debemos entender que la vida es lo más valioso del universo... y no destruirla.